
Era una mañana muy fría. Nos habían citado a las nueve de la mañana del 20 de enero en el Centro Recreativo de la Misión, un centro deportivo ubicado muy cerca de las calles Harrison y 20 en San Francisco. Jason y yo nunca habíamos ido allí así que al principio nos costó un poco encontrar la entrada al edificio. Pero una vez que entramos el jefe de Mixcóatl-Anáhuac y su pareja nos recibieron y nos llevaron al lugar donde la ceremonia se llevaría a cabo. Este lugar es una cancha enorme de básquetbol. Cuando llegamos, apenas pasadas las nueve de la mañana, solo había unas diez o quince personas en el lugar así que pensé que iba a ser muy difícil que ese lugar se llenara. Unas horas después me di cuenta cuán equivocada estaba pues al lugar llegaron mas de doscientos danzantes y en ciertos momentos los círculos de la danza estaban muy apretados para dar vueltas.
Yo estaba un poco nerviosa y muy emocionada pues esta era la primera vez que asistía a una ceremonia de este tipo, y para calmar los nervios me ofrecí a ayudar a las danzantes guerreras (según he escuchado, este título se obtiene después de siete años de danza ininterrumpida) a poner la ofrenda en el centro de la cancha. En la ofrenda se colocaron fotos de algunos familiares ya fallecidos de los danzantes, quemadores con copal, flores, veladoras, un ojo de dios.
Durante este tiempo pude observar cómo iban llegando cada vez mas danzantes, unos del grupo anfitrión, otros de otros grupos, y ví cómo cada uno de ellos iba armando su penacho. Primero sacaban el copil (la diadema), luego las plumas (quetzalli) e iban colocando cada pluma, una por una en el copil. Cuando el penacho ya estaba listo se pintaban la cara. Aprendí que cada dibujo o diseño tiene un significado: para dar gracias, para estar de luto, para celebrar, etc.
Cuando la ofrenda ya estaba lista empecé a ponerme la ropa que iba a usar en la ceremonia, mis chachayotes nuevos (los cascabeles que compré en el Zócalo este diciembre), mi ropa de Oaxaca, mis aretes de Toluca, etc. Calenté y estiré para estar lista para la danza.
A las once en punto el jefe del grupo sopló a través de la concha marina que se usa para convocar a los danzantes a bailar. Todos nos formamos atrás de él y así comenzó a hacer los primeros pasos para formar el círculo. Los tambores, situados atrás de la ofrenda, sonaban ya en toda su potencia (en las fotos van a ver que había un niño azteca tocando uno de los tambores), el humo del copal comenzaba a sentirse en el aire, el sonido de los chachayotes de todos los danzantes llenaba el lugar. Y la danza comenzó.
La primera danza que bailamos se llama Fuego, es una danza muy fuerte, muy hermosa y muy larga. Esta danza requiere de muy buena condición física de parte de todos los danzantes. Las primeras en pasar al círculo interno a danzar fueron dos guerreras (Liz y Caty) quienes dentro de poco van a irse a vivir a Los Angeles y por lo tanto van a dejar el grupo, por eso tuvieron el honor de iniciar la danza.
Los danzantes seguían llegando cada momento pero antes de entrar a danzar tenían que esperar a ser recibidos, bendecidos con copal y conducidos al lugar dentro del círculo donde podían danzar. Al principio había mucho espacio para dar vueltas sin problemas, pero cada vez se fue llenando más y más. Carlos, un compañero danzante me dijo una vez que cuando hay muchos danzantes y todos tienen penachos es un poco difícil bailar pues los penachos chocan entre sí y esto hace difícil las vueltas, y aunque yo no llevaba penacho pude comprobar que tan difícil es, pues las plumas de los danzantes de al lado me picaban los ojos al dar vueltas. Esto hizo la danza no solo espiritual pero hasta ¡divertida y entretenida! Porque tuve que encontrar una manera de dar vueltas con estilo al mismo tiempo de esquivar las plumas. Ahora entiendo porqué algunos danzantes se inclinan un poco al bailar, pero inclinarse al mismo tiempo de dar vueltas es muy difícil.
Había mucha cortesía, compañerismo y apoyo entre danzantes. Cada que un danzante entraba al círculo se presentaba con sus compañeros de al lado. El compañerismo ayuda mucho a mantener la energía alta entre todos.
Más o menos después de una hora continua de danza unos danzantes y voluntarios comenzaron a pasar por el círculo ofreciendo agua y trozos de naranja. Nunca una naranja me había sabido tan rica. Y es que practicamente nadie deja de bailar durante la ceremonia, es un ritual de unas cuatro horas seguidas con danzas muy fuertes y uno no puede salirse así nomas del círculo, uno puede salir a tomar agua o descansar, uno no puede estar entrando y saliendo porque eso sería falta de respeto a los ancestros, uno danza para recordar y venerar a los ancestros y para continuar la tradición que empezó hace cientos o miles de años, entonces salirse así nomás no es posible. Por eso cuando los danzantes y voluntarios pasaron ofreciendo agua y naranjas todos se los agradecimos mucho. A las dos o tres horas de haber iniciado la danza también ofrecieron trozos de plátano. Y así siguieron ofreciendo agua y fruta hasta que la ceremonia terminó.
Yo pude bailar muy bien las primeras dos horas, en la tercera los músculos de mis piernas ya estaban adoloridos y en la cuarta hora sentía que de un momento a otro me iban a dar calambres en las piernas, por eso en la cuarta hora ya no bailé tan fuerte. Terminé un poco cansada pero muy feliz, mis pulmones trabajaron muy bien y nunca me quedé sin aire. Algo muy interesante fue que el cansancio fuerte me llegó hasta el tercer día después de la danza, es decir, el domingo y lunes siguientes me sentí como si nada pero el martes 23 sentía que cada movimiento me costaba mucho trabajo así que decidí no ir a la danza ese día.
Regresando a la ceremonia, me dió mucho gusto ver que muchos danzantes, sobre todo los guerreros, los jefes y los capitanes, bailaron con mucha energía durante toda la ceremonia, a diferencia mía ellos nunca bajaron la fuerza con la que bailaban, ellos siempre daban lo mejor de sí. Me inspiró mucho el bailar exactamente atrás de una jefa de grupo que ha bailado toda su vida, y también me ayudó mucho la energía y apoyo de mis compañeros de al lado.
Para finalizar la ceremonia el jefe de grupo pasó danzando por todos los círculos para danzar una última danza nuevamente frente a la ofrenda. Después de la danza se cerraron los círculos y los jefes de grupo y los guerreros tuvieron oportunidad de hablar y agradecer la danza. Aquí me enteré que llegaron danzantes no solo del área de la bahía de San Francisco sino de muchos lugares de California central.
Después de los agradecimientos todos ayudamos a levantar la ofrenda y limpiar el lugar, nos cambiamos de ropa, y procedimos a disfrutar de un riquísimo pozole. Estaban sirviendo tazones que a mí me parecieron enormes, pero con tanta hambre me lo acabé sin problemas. Jason prefirió comer un poco de barbacoa, que también se veía deliciosa. Casi todos los danzantes se quedaron a comer, así que había entre cien y doscientas personas comiendo pozole al mismo tiempo. Fue como una fiesta en la que todos los familiares estan invitados.
Y después de participar en este hermoso ritual, después de comer pozole y compartir mesa y platica con los demas danzantes, Jason y yo nos regresamos a Berkeley a descansar de un día lleno de muchas emociones.
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Esta es la liga para las fotos que Jason tomó durante la ceremonia.
Fotos Ceremonia
Cuando abran esta liga vayan a: 2007 Enero 20 - Ceremonia Azteca
También tomamos un poco de video pero aún tengo que investigar como subirlo, tan luego lo haga les aviso para que vean los videos.